Editorial


¿Para qué un cine-club en la FFyL?

El cine surge como una posibilidad, un espectro que cohabita en el cambio, contagiando ideas dirigidas al individuo que se deja seducir. En aquel momento de sujetamiento el cine-club responde de manera crítica, dejando el primer plano de la imagen en movimiento, para platear la pregunta, Descartes propondría desarmar la película cuadro por cuadro para descubrir lo que la sustenta, su fundamento, Althusser observaría la ideología con que juega el director, Nietzsche propondría ver los juegos de poder que se implican en ella, desde mil perspectivas se puede asechar al cine y a su producto, sólo hay que preguntar por él para observar el panorama que nos convierte cómplices de la mirada.

Una responsabilidad y un compromiso, menciona Manuel González Casanova en su texto “¿Qué es un cine-club” , es lo que implica preguntar por éste fenómeno, pues es un fenómeno que no sólo entretiene, sino que propone, involucra, abarca, llega a introducirse al espectador que escucha y mira al mismo tiempo. Lo peligroso de la situación requiere de una mirada inquisitiva y conjunta, que ofrezca propuestas para mirar debajo de la falda del cine y difundir la noticia, abrir la boca para infectar al otro y el debate para dejarse contagiar por el otro. Al fin y al cabo crecer apoyando a aquel que forma parte de mí, lo cual significa un apoyo al cine nacional, sin dejar de lado al internacional, teniendo en cuanta el poco apoyo que el primero obtiene en aspectos tanto de producción, realización, difusión, etc.

Y entonces, ¿para qué un cineclub?, la respuesta, recalcar el valor social que implica la crítica, la importancia de difundir lo diferente, salir un poco del sistema capitalista no adquiriendo riqueza alguna por llevar a cabo aquella difusión, intentar contagiar al otro del gusto por el cine o simplemente por saberme en comunicación con el otro, con todas las responsabilidades que eso implica.


Este mes en cinesofía





Este 2009 ha sido un año de celebraciones para el pueblo cubano, comenzado con el 50 aniversario del triunfo de la revolución cubana, pero para el mundo del cine es particularmente importante el también 50 aniversario del ICAIC.




Y no precisamente bailando “ricachà”, pero tampoco queriendo agandallar. Sólo que ésta vez no llegaron a Nueva York ni a Washington, sino que, y seguramente contagiados por la intergaláctica fiebre mundialista, lo hicieron en pleno centro de Johannesburgo, capital de Sudáfrica.




Por convención, en el cine, el tema del Mal ha sido enmarcado en los géneros de terror y suspenso, consolidados a partir de los directores y películas fundadoras de estilos y modelos de representación.




Suite Habana (Fernando Pérez, 2003) es una película que reivindica la imagen como base de la expresión cinematográfica y que confía en ella a tal punto que anula otros elementos, como la entrevista, o los mismos diálogos.

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